Una afirmación que lejos de alarmarnos tiene todo el sentido, puesto que el cuerpo no está habituado a practicar deporte. Cuando lo hace es más sensible a padecer alguna sobrecarga. Si pasamos de 0 a 100, no sólo puede sufrir el corazón, también los huesos, músculos y articulaciones. Por ello, será recomendable siempre elegir una actividadfísica de baja- moderada intensidad. Sin olvidar el calentamiento previo que prepare los músculos para el ejercicio posterior que se va a realizar. Una buena forma para evaluar si hemos elegido una actividad correcta será comprobar si durante su ejecución podemos hablar. Si es así, el ejercicio elegido es el idóneo.
Durante el
entrenamiento se deberá permanecer alerta a cualquier cambio brusco en el
estado físico del deportista. Los síntomas de alarma son : no sentir dolor,
tener fatiga o mareos. Ante cualquiera de estos casos se deberá reducir la intensidad
del ejercicio o incluso llegar a parar
si se comprueba que no remite. Importante será también realizar una
recuperación posterior a la actividad deportiva elegida. Teniendo en cuenta
todas estas recomendaciones no debería surgir ningún problema, aunque siempre
será lo más recomendable aumentar progresivamente los días de entrenamiento
para que el cuerpo se adapte y se pueda poco a poco ir exigiéndole más.
Los médicos recomiendan siempre realizar una actividad física regular. De esta manera, se consigue prevenir enfermedades cardiovasculares ante sobreesfuerzos y un mejor estado de forma.